UN GRITO EN EL DOLOR.


 

Primeros meses de luto...

Los estudios afirman que, de media, el duelo puede durar entre uno y dos años. Casi todos ellos coinciden en que lo que ocurre en los tres primeros meses tras el fallecimiento del ser querido es normal. Es el caso del Inventario de Duelo Revisado de Texas, que se aplica a mayores de 14 años cuyo ser querido ha fallecido en un período no inferior a 3 meses ni superior a 3 años.

Existen varios tipos de sufrimientos por el que las personas se enfrentan en esta vida, pero por ahora hablaré de uno en particular y no es que minimice los demás, pero del que hablaré será desde mi propia experiencia vivida.

Hace unas semanas tuve una plática muy íntima con dos amigos que han tenido la desgracia de perder a un ser querido, y en el transcurso de la plática les pregunté, ¿Cómo se sentían? Y cada uno respondió que han llevado un proceso diferente pero similar, dos cosas que resaltaron fueron:

·         Falta de concentración. Las imágenes en tu mente te torturan los primeros meses haciéndote sentir culpable, se repiten una y otra vez, no te dan descanso.

·         Tristeza. Es mas que obvio que una pérdida es triste, tristeza por saber que ya no volverás a ver a esa persona, tristeza por no haber podido hacer más.

Yo cada semana me he sentido igual y no le veo fin a esto y la situación me ha hecho sentirme devastado. Hay veces en las que prefiero dormir o morir a estar despierto porque cuando me encuentro despierto mis pensamientos me hacen sufrir mucho recordando con detalle los últimos días de mi mamá.  

El autor C.S. Lewis expresó en su libro El problema del dolor:

“Dios susurra y habla a la conciencia a través del placer, pero le grita mediante el dolor…”

Es ahí donde me pregunto, ¿Qué me quieres decir Dios? ¿Es necesario que pase por esto? ¿Tendrá algún día fin esto? ¿Qué hay de mi salud mental? ¿Qué me quieres enseñar con esto? ¿tendrá un propósito este sufrimiento? Eso es lo que se empieza a preguntar mi corazón, pero después de un poco de reflexión y meditar mejor las cosas surgen nuevas interrogantes como, ¿Hay alguna razón para no pensar que Dios puede manifestarte en mi por medio de ese sufrimiento? ¿Será que todas estas circunstancias son parte de un divino plan de Dios para cumplir su voluntad? Y si ese fuera el caso, ¿Qué actitud debo tomar ante ese gran detalle de amor de parte de Dios?

Cuando pases por aguas profundas,

yo estaré contigo.

Cuando pases por ríos de dificultad,

no te ahogarás.

Cuando pases por el fuego de la opresión,

no te quemarás;

las llamas no te consumirán.

Pues yo soy el Señor, tu Dios,

el Santo de Israel, tu Salvador.

ISAÍAS 43:3 (NTV)

Entonces, comprendí que Dios no me estaba diciendo que todo iba a estar bien, humanamente hablando, que Él iba a preservar la vida de mi mamá, sino que Él me estaba dando una promesa inequívoca: (Yo estaré contigo. Porque Yo soy el Señor tu Dios». Él es el que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Cuando era niño en la escuela dominical cantábamos el canto que dice “Cristo me ama, cristo me ama pues la biblia dice así”. Ahora en esta etapa de mi vida he llegado a una conclusión respecto a ese canto. Aprendí que «Cristo me ama, yo lo sé ...» no porque perdí a mi mamá. Más bien, «Cristo me ama yo lo sé, pues la Biblia dice así».

La palabra de Dios ha sido un bálsamo para tener esperanza por esta verdad que el apóstol Pablo expresa: “Estoy seguro de que los sufrimientos por los que ahora pasamos no son nada, si los comparamos con la gloriosa vida que Dios nos dará junto a ÉL”. ROMANOS 8:18 (RV1960)

No trato de brindar respuestas a cada dolor que ha atravesado cada persona porque no tengo esas respuestas, pero conozco a ese ser que si las conoce y él es mi esperanza y refugio en las tribulaciones. Su nombre es Jesús.

El permite que atravesemos sufrimientos para enseñarnos lecciones de otra forma sería imposible aprender. Dios es amor.

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